No dejes de estremecerte ante lo bello

•mayo 31, 2013 • 1 comentario

No Una cariciasé cómo, pero quiso el destino que yo estuviera cerca y viera esa escena donde  Carlos y Ana contenían la respiración por unos segundos, extendían sus manos y se acariciaban sin dejar de mirar cada uno hacia adelante pero buscando el contacto físico que reafirmara la compañía entrañable.

Yo dejé de escuchar el canto de las aves, el alboroto del rio, dejé de ver los árboles, las plantas silvestres y solo tuve ojos para esas manos arrugadas que se acariciaban sutilmente.

Me preguntaba cuántos amaneceres, cuantas puestas de sol, cuantos viajes, cuantas esperas, cuantos miedos y cuantas alegrías acariciaron antes esas manos. Me pregunté cuántas lágrimas cuántas sorpresas, cuánto coraje contenían.

A veces el dolor se instala en nuestras mentes y en nuestros corazones. El sufrimiento nos consume, nos atormenta, nos asfixia. Otras veces no es el dolor, sino la rutina la que nos envuelve y la vida pasa delante de nosotros totalmente insípida, impregnados de apatía, frustraciones, reproches. Para ese entonces todo carece de importancia y se nos escapan las tantas cosas bellas  que habitan a nuestro alrededor.

Carlos y AnaSería muy bueno en ese instante presenciar una escena como esa, en que Carlos y Ana extienden sus manos y se acarician, mejor aún, verlos aproximarse felices de estar juntos para compartir la belleza de un rio, la elegancia de un ave, la majestuosidad de un árbol, sin importar los mosquitos, el calor sofocante, o la sed.

Poetas en el río de la historia

•septiembre 21, 2011 • 2 comentarios


Siempre existen motivos para escribir versos. Hay incluso quienes afirman que los versos existen independientemente de la voluntad del hombre, en todo lo hermoso y hasta en lo horrendo que naturaleza y hombres han creado.
Pero lo cierto es que los poema se escriben para ser leídos, entonces por qué no leerlos juntos, con la complicidad de quienes tienen la permanente necesidad de inventarlos y de aquellos que no pueden vivir sin leerlos.
Es así que nacen los festivales de poesía, casi siempre organizados por hombres apasionados con el don de arrastrar tras de sí a muchos otros. Tal es el caso de Fernando Rendón, director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, quien hace poco visitara la Habana y a quien conocí en una de las salas expositoras de la Casa del ALBA Cultural.
Con él conversé durante unos pocos minutos, suficientes para que respondiera algunas preguntas sobre los artistas y su relación con la historia. Entre las respuestas que recibí está esta reflexión que comparto textualmente.
“Digamos que había artistas que se sentaban a la orilla del río de la historia a tirar piedrecitas o a meditar sobre la corriente, más o menos rápida o más o menos accidentada de ese río.
Pensaban que podían permanecer al margen. Sin embargo el río ha crecido. Suficientes tempestades y aguaceros le han alimentado y muchos de esos artistas han visto cómo el agua los ha arrastrado y ahora, pues tienen que aprender a nadar.
Deben sobrevivir, abrazarse a la corriente y saber que ellos son la corriente, que ellos también son el río, que tienen que participar de este flujo inmenso para no ahogarse por una realidad que no comprenden”.
Los festivales de poesía casi siempre agrupan a poetas que se saben parte del río de la historia.
“En estos últimos 20 años (2 décadas del festival de Medellín) he podido conocer suficientes organizadores. En la Habana creamos, en 2010, la red de festivales de América Latina. Somos ahora 32 festivales de 20 países y pudimos organizar este año un Movimiento Poético Mundial, en el que participan ya directores de 57 festivales de más de 45 países. Tenemos la gran esperanza de que esta corriente pueda convertirse en una fuerza esclarecedora de opinión, que impacte e interpele con humor, ingenio e inteligencia a los grandes poderes, que pueda preguntarles por qué han guiado al mundo como hacia un sumidero.
Queremos alentar visiones de libertad, de mundo emancipado, trascendido de su propia miseria humana y ayudar a visionar al mundo una nueva historia, un amanecer verdadero y definitivo para todos”.
Y es que un festival de poesía, es mucho más que una cita para decir poemas. Ese encuentro entre hombres y mujeres que aman el verso y la metáfora y las tantas formas de juntar las palabras para atrapar el sentimiento, es un espacio repleto de belleza y sensibilidad.
Nadie dude jamás de la extraordinaria fuerza de la belleza y el sentimiento, en voz de los poetas.

Razones para escribir

•abril 7, 2011 • Dejar un comentario

Mi primera crónica la escribí hace diez años. Ayer la encontré entre papeles viejos, llena de manchas y tachaduras. La escribí en la sala de un hospital, mientras una gran amiga esperaba los resultados de un examen que podría cambiar su vida. Mi amiga esperaba y yo enmudecí. No sabía qué decirle, cómo mirarla, de qué manera mostrarle mi apoyo y aliviar su angustia…entonces saqué un bolígrafo, un pedacito de papel y comencé a escribir…

Las palabras se disputaban el lugar, salían una detrás de la otra, tan de prisa que apenas podía organizarlas de manera coherente, entonces me veía precisada a cambiar el orden con flechitas oscuras…cuando terminé se la di y esperé, entre avergonzada y expectante.

Era “la crónica del abuelo” un escrito lleno de añoranzas y consejos que salían de la boca de mi abuelo negro a través de mi pluma. Regresé a la mesa de ocho sillas en el comedor en la que nos sentábamos todos a esperar que el abuelo apareciera para poder empezar a comer aquellos tostones exquisitos, la yuca con mojo que la abuela preparaba, o el potaje de frijoles negros con aquel punto que le daban el culantro y la albahaca.

Mi amiga se echó a reír y me miró con sorpresa: “casi puedo sentir el sabor de esos frijoles y el cariño de esa mesa. Qué pena que ya no comamos juntos, ahora cada quien lo hace cuando puede, andamos corriendo como locos” comentó, y luego agregó: “Deberías escribir más”

Ese día supe que escribir no responde solo a una necesidad personal. Al hacerlo, de repente, podemos arrancar una sonrisa de alguien que tal vez esté muy solo o asustado…eso sería suficiente para intentarlo una y otra vez  ¿no cree?

HABANA CON HABANO

•agosto 27, 2010 • Dejar un comentario

Su encuentro con la nicotina no fue como el de otros jóvenes,  experimentando algún que otro cigarrillo a escondidas de sus padres. Vladímir Castillo Gamboa  se sintió atraído por el alo sepia  al caer una colilla en el líquido derramado sobre el suelo. Entonces sintió necesidad de experimentar y esa curiosidad devino recurso de inestimable valor.
Claro que al principio los matices eran escasos. Para entonces insistió muchísimo hasta llegar a tonalidades muy bajas…y finalmente pudo lograr los contrastes que necesitaba.
Que un pintor experimente en busca de sus propios pigmentos no es novedad. Vladimir sabe que desde los aborígenes la ceniza vegetal se usó para confeccionar  pictografías.

LE PUSO UN NOMBRE

Y no fue difícil combinar las palabras nicotina y tinte para un nuevo vocablo: “NICOTINTA”. Con ese nombre quedó registrado en Adavis para asegurar las imágenes y el proceso.
“Mi primer  trabajo con nicotina”, así llamó Vladimir al retrato de José Martí con una tinta muy transparente aún. Luego surgieron otras obras que  marcan el comienzo de posibles series como Piel de Habana (vistas internas, lugares tristes  con su historia), Muchachas habano (Imagen de cubana con la sensualidad del aroma del tabaco) o Habana con Habano (repleto de lugares de la Habana Vieja )
Bajo el nombre de nicotinta, el artista ubica otros elementos como la ceniza y el humo. Y con este último hace  imágenes fugases de cielo, construcciones en el agua, nubes. Por insólito que parezca a muchos, las huellas del humo quedan atrapadas en la cartulina  a través de máscaras  que se retiran tras su aplicación. Vladimir confiesa que en ocasiones retoca la mancha, pero muchas veces  no es necesario nada más.

EL CONCEPTO QUE DOMINA SU OBRA

Este joven egresado de la Escuela Nacional de Arte en 1993, asegura que no hay nada malo en sí…es el uso que uno le da a las cosas lo que se traduce en bien, perjuicio o sensaciones de placer. Vladimir insiste en que no pretende convertirse en un opositor del derecho de fumar.
Tampoco pretende hacer una campaña bajo el precepto de: “No se lo fume…disfrútelo en una obra de arte”, así admite mientras se le escapa una sonrisa jocosa.
Pero es un hecho que el tabaco cubano con su indiscutible calidad viaja el mundo. Decir habano es hablar de Cuba y esa imagen que provoca su aroma también se puede percibir en las obras con NICOTINTA.
Quienes siguen su labor a través de exposiciones personales, colectivas o en eventos y concursos, saben del intimismo que habita sus pinturas y la marcada tendencia al uso de los sepias.
Hace mucho, descubrió el afán de los espectadores por encontrar elementos ocultos a la vista al acercarse a una obra. Vladimir satisface esas expectativas al ofrecer disimuladamente un pequeño rostro, manos elaboradas, siluetas e imágenes.

PACIENCIA A PRUEBA DE CASI TODO

Y en verdad este artista de la plástica es un hombre paciente y ecuánime. Ya sé que “ante casi todo” es una expresión muy grande para hablar de su tolerancia. Digamos que solo dos niñitos traviesos llamados Abner y Abdiel logran franquear esa fortaleza, cuando pincel en mano se acercan a una obra. Por el contrario al pararse frente a él temprano en la mañana con un: “Papá aquí estoy” sus hijos se convierten en pura inspiración.
Cuando está de buen ánimo,  se sienta a pintar y  como es habitual sintoniza  Radio Musical Nacional. Un día, uno de sus amigos disfrutaba sus pinturas marinas. Vladimir recuerda que escuchaban una música de fondo y coincidentemente llegaban sonidos de gaviotas. El amigo dijo: “¿Sabes que cuando miro tus gaviotas me parece que están vivas?”
El artista Vladimir Castillo Gamboa descubre la manera en que se nutre para crear: “Yo hago una vinculación de lo que escucho, veo y huelo.  Amo el trabajo, eso me ayuda a inspirarme, soy muy feliz cuando termino una pieza”.
Confiesa además que cuando ve una obra terminada finalmente puede dormir, aunque a veces el sueño es cortado en la madrugada por el deseo de volver  a la pintura y repasarla de arriba abajo, una y otra vez.
Por estos días el sueño regresa apacible para regalarle imágenes de la Habana, con habano. (Por Madelín Ramírez Pérez, fotos Roberto Morejón)